logro tomar una buena foto, o al menos una que me guste mucho.
Estaba el otro día con Blanca Stella en los asientos traseros de la camioneta de Stephanie, dando vueltas por Caracas cuando saqué mi cámara reflex para tomarle fotos. Me gustaba mucho lo que veía a través del lente, pero no tenía idea del resultado cuando me cansé y saqué mi iPhone.
Con su modesta cámara tomé mas de 50 fotos en poses y ángulos distintos, jugando con el sol aleatorio que rebotaba en su cabellos y su rostro a medida que volteábamos en cada esquina. La foto que ven arriba fue la que más me gustó (y la comparta acá antes que en Twitter).
——————————————————————————-
Para Blanca.
No recuerdo el día que la conocí, cómo hacerlo? si desde que tengo uso de razón Blanca existe, con sus ojos de gata feroz y su pelo dorado tan preciado por todos.
Blanca, siempre tremenda y risueña, un poco malvada incluso, pero en realidad encantadora, dulcísima e increíblemente valiente. Creció entre varones y eso la endureció contra chistes inocentes pero hirientes, contra golpes en juego pero potentes, de persecuciones por el puesto junto a la ventana en la camioneta.
Blanca no la ha tenido fácil. Siempre, siempre, siempre ha peleado con sus padres, se cree incomprendida y puede que sea cierto, pero sospecho que ese es simplemente su forma de comunicación: a través del conflicto. Es la cagada de su mamá, a quién le reprocha achaques e imposiciones, a sabiendas que son (ella y su madre, Stella) caimanes del mismo charco.
Blanca ahora se va a casar. Ni se imaginan el temor que me produce, no porque el novio no la vaya a querer, ni porque ella no pueda cocinar. Me causa temor el hecho de no saber qué va a pasar, cómo serán las cosas. Me causa temor no poder estar ahí para ella y me causa pavor que en algún momento quiera contarme sobre ese fin de semana espectacular en Oregón y no pueda hacerlo.
Blanca, te amo muchísimo. No te lo digo a menudo, pero hoy lo hago (acá, en mi blog de 5 lectores), y quiero que sepas que, como siempre, te deseo el mayor de los éxitos. Estoy seguro que eres capaz de lo imposible, solo debes aprender a ser constante y perseverante.
Paciencia.
Esa palabra es mi regalo de bodas para ti, en caso de que no pueda estar contigo ese día. Además que soy un desempleado y pelabola.
Paciencia porque la vas a necesitar y sé que no es tu fuerte. Paciencia que pronto, menos de lo que creas, nos volveremos a ver y será como siempre lo ha sido: un vacilón.
Lamento tener que escribirte estas palabras tan cursis, pero este es mi forma de comunicación y espero algún día ser tan valiente como tú, te admiro, no es broma, te admiro muchísimo y me llenas de orgullo.
Te quiero,
Salud y felicidad para ti y para Raúl.


