Disclaimer: El mes pasado me metí en un invento sin oficio de un taller de periodismo narrativo sin muchas esperanzas… pero joda, me fue bien, acá el cuento de todo. Vale también para promocionar Bala Fría, Historias que resuelven
Es gratis y muy buena, pide la tuya por acá o por twitter.com/bala_fria
Un mail. “Quién quita y te seleccionan”, decía. Era importante enviar un texto crónico-periodístico-serioperofresco-neoperiodístico-pseudorrelevante-o-algoporelestilo para participar en un taller promocionado por un poster digital y la fotografía de una prostituta leyendo un artículo de prensa dedicado a ella. Rescaté del blog un post sobre la vida caraqueña que había hecho un bojote e’ tiempo atrás y lo mandé en modo automático. Vacaciones académicas y tiempo libre eran razones suficientes para aspirar al taller dirigido a “jóvenes cronistas y estudiantes de Comunicación Social”, eso es conmigo, al menos la segunda parte (Papá lo paga, me dije y así no tenía por qué pensarlo mucho).
Otro mail. “Fueron muchos los aspirantes, bla bla blá, y lastimosamente tu texto no fue seleccionado, bla bla bla blá, better luck next time”. Pos ni modo, me dije, tampoco era que quería estar tres semanas haciendo tareas y leyendo tonterías. Y pasé toda la tarde de malhumor sin razón aparente hasta que me confesé vía Twiiter: “No califico” y una carita triste.
Un mensaje de voz. “Oye, Simón, abrimos más vacantes y queríamos saber si estabas interesado todavía”. Ajá, mentirosísimos, eso fue que nadie quiso ir a perder el tiempo tres semanas seguidas. Es que quién va a querer tener que pararse temprano todos los días para ir a escuchar a gente hablar de periodismo y crónicas. Quién tiene tiempo para estar con gente interesada en medios independientes y espacios para el periodismo “no duro”. Quién tiene los medios para anotarse en una publicación de mil ejemplares y material propio.
Una llamada telefónica. “Oye, si, si estoy interesado… Oka. Nos vemos el lunes”.
Entrando al Centro Cultural Brasil en La Castellana me encuentro un grupo de muchachos callados y “mirones”, suerte que conozco a Débora del periódico y me siento más cómodo. Reconozco tres rostros más, los dos primeros también del periódico y el último no tengo idea de dónde, pero lo conozco de algún lado. Ah, claro, de la UCV, cierto.
Verga, esto no está tan mal
Las tres semanas se acabaron muy rápido. Odié tener que hacer “tareas”, énfasis en las comillas puesto que no eran Tareas pero siempre he sido muy flojo y de fácil remordimiento. Los ejercicios “para soltar la pluma” me ponían incómodo al principio pero me agradaron y me hubiera gustado haber hecho más ejercicios similares.
Las lecturas muchas veces fueron largas, pero al repasarlas en casa me reencontraba con un estilo que olvidaba y que vale la pena defender. Los libros: tremendo regalo; nunca habría conocido a Pedro Lemebel de otra manera. El tipo es un frito, escribe exageradamente bien y con licencia para no seguir normas de ningún tipo.
Aunque lamento haber leído el capítulo de masturbación zoofilíca, pude haber vivido sin leerlo nunca. El segundo libro sigue esperando a que digiera a Lemebel, pero viene bien recomendado.
Mi cabaña, es tu cabaña
También escribimos e hicimos periodismo. Pero el grupo de “Por Mis Propios Medios 2009”, la primera promoción, es memorable. Se agradece la oportunidad de verlos discutir normas gramaticales, y poder aturdirlos con conversaciones infinitas sobre Harry Potter con Manu, Jesús y Ruth. Fue divertido intentar definir la palabra Heterosensible y aprender tácticas para salir corriendo como diablos para no pagar la cuenta (dudo que alguna vez lo haga voluntariamente, pero uno nunca sabe).
Jugar en serio a dirigir un medio impreso fue lo mejor de todo y estoy seguro que “Bala Fría, Historias que te resuelven”, es un síntoma de qué vamos por buen camino. Se agradece, así “medio pajúo, medio ridículo, medio cursi” y todo, pero es cierto. Carita feliz.
P.D. Tenía un chiste sobre Manuela y su ladrido, pero estoy seguro que es muy malo así que no lo puse.
Acá esperando a que se repita.
Simón Andrés Maracara
(debo cultivar el uso de mi segundo nombre, me gusta cuando la gente me llama así, no sé por qué)
