Being a Hero, any hero, but thats okey
Desde que tengo uso de razón mi hermano menor existe, y su existencia siempre fue poco placentera para mí, no sólo porque él fue siempre el más rápido y ágil de los dos, sino porque él nunca le hacía caso al hermano mayor lerdo que vive con la nariz metida en los libros de Harry Potter. El concepto de primogeneidad no prevalecía en nuestra relación allá en “casa”, y por costumbre mis padres siempre acuden a él cuando no aparecen las llaves o cuando hace falta alguien que estacione el carro (realmente no debería quejarme porque todas esas actividades me resultan bastante fastidiosas); pero el año pasado descubrí que en Caracas, yo soy el macho alfa y me hermano un simple cachorro.
Luego de casi dos años viviendo en residencias en la capital por cuestiones de logísticas mi hermano se quedó a dormir conmigo durante un par de noches: la segunda noche luego de que despilfarrara su dinero en el Sambil y llegó al apartamento como a las 8:30 pm, decidió que todavía tenía hambre y fuimos hasta el McDonald’s de tres cuadras más arriba. Pedimos para llevar y empezamos a bajar con nuestro pedido (yo con la bolsa con las hamburguesas y él con los dos refrescos) por la Avenida Francisco Lazo Martín en Santa Mónica, menos de media cuadra y desde arriba pasaron dos tipos en una motocicleta con intenciones sospechosas.
El muchacho que iba atrás empezó a llamarme prometiendo que no a iba hacernos nada malo, yo les pedí que siguieran su camino y me hermano empezó a desacelerar su paso y quedarse cada vez más atrás, los de la moto insistían y yo perdía la paciencia; un último llamado desde la moto y mentándoles la madre me di media vuelta para empezar a subir nuevamente la avenida (ellos en su moto no podían regresarse fácilmente) y me encontré con la cara de asombro de Víctor. Rápidamente le pedí a mi hermano (que seguía viendo hacia adelante/abajo) que me avisara si la moto cruzaba en la siguiente esquina, efectivamente lo hicieron y nuevamente me di media vuelta para bajar ahora con mayor rapidez pero con total seguridad (las piernas empezaron a temblar mucho después esa noche) intentando llegar al edificio.
Preví que la moto al cruzar intentaría dar la vuelta a la manzana para sorprendernos mientras yo volvía a subir, siendo ese el motivo de mi maniobra ante el silencio total de mi hermano. Bajamos una cuadra y decidí cruzar (afortunadamente a tiempo) aunque no fuera nuestra calle, no había dado 15 pasos y mi hermano me hizo señas para decirme “acaban de pasar bajando”. No nos detuvimos mientras vigilábamos paranoicamente nuestras espaldas hasta llegar al edificio, di una oración a la virgencita mientras sacaba las llaves para que no llegaran los de la moto en ese justo momento, abrí la reja y prácticamente corrimos hasta el ascensor.
Nos reímos un poco y empezamos a relatar lo sucedido con mímicas y onomatopeyas correspondientes, entramos al comedor y empezamos a comer un poco acelerados (ahí ya empezaba la liquidez en las piernas, o al menos fue cuando la note por primera vez). Antes que se acabaran las papas fritas mi hermanó tomó un suspiro y me dijo: Chamo, si no estoy contigo me roban como un pajuo, gracias.
Pues ni modo, ¿no?, no me iba a dejar robar yo tampoco, pero descubrí que por primera vez en mucho tiempo mi hermano siguió mis órdenes sin revirar ni un poquito, incluso, no dijo nada en todo el camino. Excelente.
Conocer la zona fue un factor importante en la toma de decisiones, quizás también los libros de detectives y héroes poco convencionales que llenaban mi tiempo libre mientras Víctor jugaba al fútbol o podaba el césped, quizás. Pero fue un liderazgo espontáneo, prácticamente tácito incluso (“mi hermano no dice nada, lo digo yo”) que demuestra que puedo pensar rápida y correctamente bajo presión y aunque quizás no le salvé la vida a nadie esa noche, si nos ahorré el mal rato y pudimos comer un McCombo al final de la noche.
Comments(1)
1.-Es caerse en las escaleras mecánicas del metro cuando intentas desesperadamente llegar a tu casa a bañarte y acostarte

